jazz-mexicano.blogspot.com
La facilidad y comodidad de poder bajar innumerables contenidos de Internet bajo demanda hace que el futuro de los discos como medio de distribución sea cada vez más dudoso. Los consumidores de productos audiovisuales son víctimas colaterales de las guerras de formatos que se desencadenan cada vez que los fabricantes de gadgets sacan al mercado un nuevo soporte destinado a acabar con todos los anteriores. Hace 20 o 30 años había que decidir si adquirir la música en vinilo o en casete, o la lucha encarnizada entre el VHS, Beta y Video 2000 en el mercado del vídeo doméstico, formatos hoy en día perimidos.
En la música, la llegada del compact disc provocó la desaparición del casete y que los vinilos sean hoy en día casi un objeto de coleccionista, aunque los fabricantes de gadgets no perdieron la oportunidad de intentar introducir por el camino otros formatos como el casete compacto digital, el Minidisc o las cintas de audio digital (DAT), por nombrar solo algunos.
En cuanto al vídeo, el DVD acabó sin mayores problemas con las cintas, en especial desde que aparecieron los grabadores. Pero también al DVD intentaron eliminarlo con el HD-DVD y el Blu-ray, los protagonistas de la más reciente guerra de formatos, guerra que duró muy poco, al anunciar Toshiba en febrero último que abandonaba el desarrollo del HD-DVD.
Durante todo este tiempo, tanto los fabricantes de gadgets, como las grabadoras, estaban encantados vendiendo los nuevos productos y, en el caso de los estudios, el mismo contenido una y otra vez a los que quisieran pasar su colección al nuevo formato.
Pero la transición de los formatos analógicos a los digitales escondía una posibilidad para evitar la comercialización. Fue entonces, que los consumidores llegaron a tener la posibilidad de realizar copias perfectas del contenido y a manipularlo de múltiples formas gracias a los avances en la informática, y que además podrían intercambiar ese contenido a través de Internet.
De hecho, el estándar de los CD de audio no incluye ningún sistema para evitar su copiado, y todos los intentos por incorporarlo a posteriori han demostrado ser un gran fracaso, pues siempre terminan por ser eludidos, además de constituir una fuente de problemas de compatibilidad para los usuarios. Y en muchos casos también han sido un problema para las grabadoras, como, por ejemplo, cuando Sony incorporó en sus CD un software para evitar su copiado que se instalaba en las computadoras sin avisar al usuario, creando además un agujero de seguridad en estos por fallos en su programación, lo que le costó numerosas denuncias y rechazos en todo el mundo. Incluso los sistemas de protección contra copia de los DVD o del HD-DVD y del Blu-ray, ya incorporados en los respectivos estándares desde el principio, se demostraron inútiles, pues todos fueron rotos al poco tiempo de salir al mercado.
Al final, estos sistemas lo único que logran es molestar al comprador y nunca evitar que se hagan copias, y todo esto, sin entrar en el asunto de que estos sistemas DRM que impiden ejercitar el derecho a copia privada y por el que se paga un canon al comprar CD o DVD vírgenes y los correspondientes dispositivos grabadores.
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La facilidad y comodidad de poder bajar innumerables contenidos de Internet bajo demanda hace que el futuro de los discos como medio de distribución sea cada vez más dudoso. Los consumidores de productos audiovisuales son víctimas colaterales de las guerras de formatos que se desencadenan cada vez que los fabricantes de gadgets sacan al mercado un nuevo soporte destinado a acabar con todos los anteriores. Hace 20 o 30 años había que decidir si adquirir la música en vinilo o en casete, o la lucha encarnizada entre el VHS, Beta y Video 2000 en el mercado del vídeo doméstico, formatos hoy en día perimidos.
En la música, la llegada del compact disc provocó la desaparición del casete y que los vinilos sean hoy en día casi un objeto de coleccionista, aunque los fabricantes de gadgets no perdieron la oportunidad de intentar introducir por el camino otros formatos como el casete compacto digital, el Minidisc o las cintas de audio digital (DAT), por nombrar solo algunos.
En cuanto al vídeo, el DVD acabó sin mayores problemas con las cintas, en especial desde que aparecieron los grabadores. Pero también al DVD intentaron eliminarlo con el HD-DVD y el Blu-ray, los protagonistas de la más reciente guerra de formatos, guerra que duró muy poco, al anunciar Toshiba en febrero último que abandonaba el desarrollo del HD-DVD.
Durante todo este tiempo, tanto los fabricantes de gadgets, como las grabadoras, estaban encantados vendiendo los nuevos productos y, en el caso de los estudios, el mismo contenido una y otra vez a los que quisieran pasar su colección al nuevo formato.
Pero la transición de los formatos analógicos a los digitales escondía una posibilidad para evitar la comercialización. Fue entonces, que los consumidores llegaron a tener la posibilidad de realizar copias perfectas del contenido y a manipularlo de múltiples formas gracias a los avances en la informática, y que además podrían intercambiar ese contenido a través de Internet.
De hecho, el estándar de los CD de audio no incluye ningún sistema para evitar su copiado, y todos los intentos por incorporarlo a posteriori han demostrado ser un gran fracaso, pues siempre terminan por ser eludidos, además de constituir una fuente de problemas de compatibilidad para los usuarios. Y en muchos casos también han sido un problema para las grabadoras, como, por ejemplo, cuando Sony incorporó en sus CD un software para evitar su copiado que se instalaba en las computadoras sin avisar al usuario, creando además un agujero de seguridad en estos por fallos en su programación, lo que le costó numerosas denuncias y rechazos en todo el mundo. Incluso los sistemas de protección contra copia de los DVD o del HD-DVD y del Blu-ray, ya incorporados en los respectivos estándares desde el principio, se demostraron inútiles, pues todos fueron rotos al poco tiempo de salir al mercado.
Al final, estos sistemas lo único que logran es molestar al comprador y nunca evitar que se hagan copias, y todo esto, sin entrar en el asunto de que estos sistemas DRM que impiden ejercitar el derecho a copia privada y por el que se paga un canon al comprar CD o DVD vírgenes y los correspondientes dispositivos grabadores.
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